Carta abierta a Juan Carlos Monedero.
Es usted una persona brillante, con un curriculum impresionante, con un apoyo muy fuerte por parte de los jóvenes activistas que estos últimos años levantan su voz contra el gobierno en España, las políticas de austeridad, y en general, contra el establishment. Yo, como estudiante, aunque no activista, si estoy bastante preocupado por la situación en España, y soy consciente de los problemas graves que sufrimos por el bipartidismo del PPSOE, y la "transacción", como dijo Julio Anguita, sobre aquellos años de transición. Se puede decir que estoy a favor de sus argumentos, pero en lo que concierne a su opinión sobre Venezuela, me quedo atónito y discrepo totalmente.
No voy a convencerlo de lo contrario , porque se que usted conoce bien la realidad en Venezuela, solo que miente descaradamente y manipula a sus lectores. Su trayectoria en la defensa del chavismo es extensa, así que solo me centraré en replicarle los dos artículos que ha publicado recientemente el 16 y 19 de abril. En su artículo "Capriles, el PP y el fascismo de siempre", lo que hace es aprovechar su reputación entre la izquierda, sobre todo entre los jóvenes, para soltar un discurso plagado de mentiras, porque todos esos jóvenes lo tienen a en un altar, y por supuesto, no van a dudar de su palabra cuando habla sobre Venezuela. Lo que hace usted es canalizar la indignación y repugna que buena parte de la población le tiene al PP, hacia Capriles y la oposición, comparando constantemente a Capriles con el PP, para conducir y moldear la opinión de sus lectores hacía un actitud positiva del chavismo, todo ello usando palabras que sabe que despiertan más pasiones entre la izquierda, como por ejemplo "fascismo". Su comparación sin tapujos de Capriles y el PP es un sin sentido, impropio de sus estudios en Ciencias Políticas, y del nivel tan alto demuestra cuando habla sobre España, tan pobre que llegué a pensar que no son de su puño y letra. Como politólogo que es, y ex asesor de Chávez que fue, sabe que los partidos políticos en Venezuela no son como en España, como por ejemplo, la constante omnipresencia de Dios en los discursos del chavismo y de la oposición, algo insólito en España, incluso entre el PP.