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miércoles, 19 de junio de 2013

¡Hay que decídirse ya! O Estados Unidos de Europa o la vuelta a la Peseta.

 La cuerda se está tensionando tanto en Europa que de seguir a este ritmo no doy más de 2 años de aguante a las poblaciones de la periferia europea. Lo digo así de claro. Y creo que, aunque no soy economísta sino un simple diplomado en empresariales, la forma más pacífica será la salida del euro o alguna formula que permita la coexistencia de una moneda para uso nacional y el euro para operaciones transfronterizas o, la opción por la que apuesto, actuaciones URGENTES de estímulo del BCE.

 La Unión Europea se ha convertido en la única región del globo que no crece. Siendo la primera zona económica del mundo por PIB. Simplemente es un esperpento.

 Siempre me he considerado y sigo considerándome -aunque en algunos momentos tengo dudas de si soy un utópico- europeísta convencido. El problema es que mientras los países de la periferia tenemos una idea integradora de Europa parece que hay dos países -principalmente- que parece que tienen ideas distintas de esa idea. Reino Unido, ya viejo en estas lides de torpedear la integración europea, al que ahora se suma Alemania y su imposición de bloqueo total para que el BCE actúe como lo que es, un banco central.

sábado, 16 de febrero de 2013

Benchmarking a nivel Estado.


 La wikipedia define Benchmarking como “proceso sistemático y continuo para evaluar comparativamente los productos, servicios y procesos de trabajo en organizaciones. Consiste en tomar "comparadores" o benchmarks a aquellos productos, servicios y procesos de trabajo que pertenezcan a organizaciones que evidencien las mejores prácticas sobre el área de interés, con el propósito de transferir el conocimiento de las mejores prácticas y su aplicación”. Como suele ser costumbre, detrás de raras palabras pronunciadas por personajes con un CV de dimensiones bíblicas, se esconde algo con algo de sentido común aplicaríamos: Ver que ofrecen los líderes del campo en cuestión y compararnos con ellos.

 Esto suele ser común (o debiera) en el ámbito de la empresa privada pero, ante tal envergadura de crisis que estamos soportando en España, uno se pregunta por qué no nuestros estimados dirigentes no hacen algo similar a nivel de Estado.

 El común de los mortales, que no tienen por qué mucha idea de tecnicismos macroeconómicos, usan o les inducen a creer que el Santo Grial para establecer un ranking o comparativa de países son 3 o 4 variables: P.I.B. (Producto Interior Bruto), Renta per Cápita (PIB/Población), Tasa de desempleo y -ahora que todos nos hemos vuelto unos expertos financieros- la prima de riesgo. Ahora bien, lo que no dicen es que esos indicadores no implican una mejor o peor calidad de vida de sus conciudadanos, mejor justicia, mejor educación o mejor trabajo. Estos son parámetros muy complicados de “rankear” (ejemplo ficticio: podemos estar este año en el puesto 35 por encima de Botswana en justicia y el próximo año 2 por debajo). No es tan fácil de hacer. Por ello me pregunto, ¿por qué la obsesión de centrarnos en analizar unas cifras y no en adaptar lo mejor?